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La guerra del tacón: ¿una cuestión de comunicación?

Publicado el 18 septiembre 2009 by wellcomm

Coco Channel puso de moda los tacones de aguja y Dior consiguió que se convirtieran en un complemento imprescindible. Desde entonces, el tacón se ha asociado a la elegancia, la sofisticación y, llevado a un entorno laboral, al poder que ostenta quien los calza. Para algunas es una tortura y para otras una auténtica herramienta de trabajo. A ellos simplemente le encanta, fieles adeptos a la erótica del poder.

Ahora los sindicatos británicos han declarado la guerra a los tacones porque la Sociedad de Podólogos los considera un riesgo laboral. Mientras expertos en todo el mundo aseguran que el tacón es la raíz de múltiples enfermedades, algunas crónicas, Nadine Dorries, parlamentaria conservadora, se echa las manos a la cabeza y asegura que mide 1,60 y “necesita llevar tacones en este mundo de depredadores”.

La polémica está servida, pero nadie menciona el trasfondo de la cuestión: la imagen que proyecta el tacón va más allá de la estética. Amantes y detractores del tacón, no lo podemos negar. Los tacones comunican, y hablan alto y claro. La percepción de quién los lleva y quién los admira (o teme, en algunos casos) es el primer escollo en la guerra abierta contra el tacón. Una guerra cuya primera batalla podría librarse en forma de campaña de comunicación. Si Carrefour lo ha hecho contra las bolsas de plástico, ¿por qué no una campaña contra el tacón?

¿Podremos desterrar de nuestras percepciones ligadas al trabajo el tacón como sinónimo de madurez, seriedad, responsabilidad, profesionalidad y, sobre todo, poder?

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9 comentarios to “La guerra del tacón: ¿una cuestión de comunicación?”

  1. RX7 dice:

    Si cada uno puede vestirse como quiere, ¿significa que un hombre puede ponerse tacones de aguja? Aunque a la mayoría les parezca extraño, soy hombre y me encantaría poder usar tacones cuando me apeteciese, ya que los encuentro muy atractivos. Pero desgraciadamente no puedo hacerlo ya que cooro el riesgo de ser el hazmerreir de mi barrio, como mínimo, cuando no directamente humillado o atacado.
    Seguro que la mayoría que lean esto creerán que soy gay… pues no, no lo soy, ni transexual: soy heterosexual y felizmente con pareja.
    El problema es que tenemos la cabeza llena de estereotipos, tabús y prejuicios que ni nos damos cuenta que lo son y que son puramente culturales. Por eso los hombres deben llevar corbata, y las mujeres tacones. Porque sí, y punto, no hay discusión, y quien se salte la norma será repudiado y ridiculizado.
    Después nos sorprendemos de que algunos musulmanes insulten o agredan las mujeres por llevar pantalones, pero aquí somos iguales o peores. Vemos la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio.
    Aunque siempre estamos a tiempo de cambiarlo ¿queremos?

  2. Yo creo que, como dice Rosa, no llevar tacón también comunica. Es cierto que encima las mujeres aguantáis todavía ese machismo de tener que demostrar más, y se mide más el atractivo femenino a la hora de valorar vuestra profesionalidad (es asqueroso pero sigue sucediendo).

    Como hombre, me encanta una mujer con tacones, pero me parece absurdo que tenga que ser requisito para ir a trabajar. Igual que lo de llevar corbata, cada día lo entiendo menos: http://comunicacionsellamaeljuego.com/%c2%a1enterremos-la-corbata/

    ¡Enterremos la corbata! ¡abajo los tacones!

  3. MAría Coco dice:

    La duda es si esa posible campaña de comunicación sería efectiva. Estamos sensibilizados con el daño que estamos haciendo al medio ambiente, y dejar de usar bolsas de plástico será cuestión de tiempo (sobre todo, de que no nos las den en las grandes superficies o cobren por las de papel). Pero creo que no estamos en el mismo nivel de sensibilización en cuanto a la comodidad y funcionalidad de un calzado cómodo, sobre todo porque, para muchos, trabajo es igual a disfraz. Cuando trabajo, me disfrazo. Me pongo tacón, traje de chaqueta o un conjunto ‘mono’, un buen bolso, maquillaje… Cuando no, mis vaqueros y yo somos inseparables, como mis zapatos bajos, mis zapatillas de deporte, mis converse… Mi chico hace lo mismo: se disfraza con traje y corbata para trabajar, excepto aquellos días en que puede vestir más informal. Pero poco se puede hacer si tu jefe viste de traje o si tu jefa no se apea del tacón ni para conducir 300 km. Al final, todas acabamos yendo a trabajar con zapato plano y teniendo unos salones de tacón para posibles reuniones o actos más formales. Son una tortura, pero hacen una pierna maravillosa… Y, a fin de cuentas, sólo sufro yo, ¿o no?

  4. Rosa dice:

    Es cierto Sara, pero el símbolo es el mismo:No deja de ser como una soga al cuello con la que todos los hombres están incómodos…mmmm A lo mejor por eso no les llegan todas las ideas a la cabeza siempre =P

    Moda y la comodidad casi siempre están divorciados… De todas formas la última decisión es nuestra.
    Que cada uno haga lo que quiera y se enfrente a las críticas miradas con la cabeza bien alta…
    ¡Vistámonos como queramos!, ¡Que se quite los tacones la parlamentaria si no está cómoda y no le gustan y que trabaje duro para que la tomen en serio!. Somos nosotros mismos los que provocamos esas mentalidades decimonónicas.

    No llevar tacón (ó corbata) también comunica , todo depende de lo que queramos ser y de cómo queremos pisar por la vida…

  5. Yo creo que deben usarse y que no deben abusarse… En mi caso es lo mismo con traje y corbata, me siento con uniforme e impone uno más. Pero declaro guerra al corbatismo exagerado. Justo esta mañana he recibido comentarios por no llevar “el uniforme”. Es como si el saber y cultura se colgaran en la percha del armario!! Es absurdo la cultura del parecer y aparentar, qué país este.

    Muy buen post! Saluditos.

  6. Sara dice:

    En primer lugar, creo que cualquier persona es libre de decidir si quiere usar o no tacones, pero no se menos cierto que en determinados trabajos el uso del tacón impera.

    Por ejemplo, las azafatas de ferias y congresos se pasan gran parte del día subidas a unos zancos a veces imposibles… en este caso quizá no estaría demás demandar un poco de sentido común por parte de las empresas. Está claro que el tacón favorece pero no es menos cierto que un uso abusivo puede causar muchos problemas de salud.

    Personalmente me molesta la percepción que se tiene del uso del tacón en el entorno laboral. Podemos equiparar esta imagen al uso de la corbata, pero que yo sepa las corbatas no mandan a nadie a la consulta del médico.

  7. Ana María dice:

    Los tacones efectivamente tienen una carga semántica muy potente, pero creo que esto tiene que ver con una determinada estética que impera en el mundo corporativo. En cualquier caso, me parece triste que una parlamentaria sienta que debe usar tacones para que la respeten…. Pues mal vamos.

    Desde el punto de vista meramente práctico, no encuentro ningún problema en que se flexibilice el uso del tacón en las oficinas, y que se dé cierto margen a las mujeres a usar un calzado más cómodo. Por ejemplo, yo procuro usar zapatos de tacón bajo o planos cuando estoy en el despacho, y si sé que tendré una reunión o tengo que ver a un cliente, entonces me llevo los tacones de repuesto. Esto creo que es viable en muchas empresas. En serio es fundamental para el correcto desempeño de tu trabajo que te obliguen a subirte a unos zancos?

    Yo adoro los tacones, pero reconozco que son terribles para la anatomía del pie, y que por muy bueno que sea el zapato, estamos adoptando una posición antinatural que daña los huesos y los músculos.

    Las posiciones encontradas en plan: abolir el tacón o viva el tacón son extremas, un poco de mesura es más que suficiente….

    Saludos,

  8. Rosa dice:

    Es un “arma” parecida a la corbata masculina ¿no? Aunque más incómodo…Veo complicado que podamos desterrar ambas prendas y menos aún borrar esas percepciones que llevan inscritas… A no ser que cambie la sociedad y dejemos de ligar la profesionalidad al estilo.
    No por trabajar con vaqueros y playeras vamos a hacer mal nuestro trabajo. Pero me mirarían raro si entrara así a la Torre Picasso… Sería mujer, joven y además desenfadada. No tomarían en serio mis opiniones. Por eso me disfrazo, me calzo los tacones y el traje de chaqueta, y al menos así me miran a la cara, aunque sigo siendo mujer y jóven…
    Si surge una campaña como la de Carrefour contra el tacón, surgirá una contracampaña que lo defienda… Así es la vida.
    Saludos,
    rosa


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