Categoría | Liderazgo

El principio de parsimonia y los gurús mediáticos

Publicado el 06 julio 2016 by wellcomm

principio de parsimoniaAllá por el siglo XIV, el histórico filósofo y fraile franciscano británico Guillermo de Ockham propuso un postulado básico universal que ha logrado llegar casi indemne y vigente al siglo XXI, aunque muchos se empeñen en ignorarlo.

Así es, hace unos setecientos años, Fray Guillermo de Ockham formuló el ‘Principio de Parsimonia’, que viene a decir que en la ciencia y en el conocimiento las explicaciones más sencillas son, probablemente, más correctas que la más difíciles y complejas.

Según las recomendaciones de aquel lúcido pensador medieval, para enunciar una explicación o una solución hay que partir del menor número posible de suposiciones. El ‘Principio de Parsimonia’ es también conocido con las denominaciones de ‘Navaja de Ockham’ o ‘Principio de la Economía’, por su inclinación a prescindir de todo lo superfluo y concentrarnos en lo fundamental cuando se trata de solucionar problemas, así como predecir o explicar realidades de cualquier tipo. En todo caso, los datos empíricos han de ser siempre la referencia para ello.

Lo cierto es que en los últimos 7 siglos casi todos los científicos, pensadores, filósofos, expertos, gurús o estudiosos de la epistemología le han dado la razón al bueno de Guillermo de Ockham, aunque en la práctica hayan hecho justo lo contrario. No podemos negar que la complejidad artificiosa e inútil ha sido un hábito muy extendido, hasta el extremo de crear un verdadero ‘mercado paralelo’ de divulgadores, comunicadores y chamanes del conocimiento. En efecto, si escribes o dices algo muy complejo o difícil de entender, tu cotización profesional aumentará dentro de los círculos más selectos de las diferentes comunidades académicas o científicas. Como contrapartida, todo ello crea la necesidad de que existan predicadores y comunicadores carismáticos, encargados de transmitir todos estos privilegiados saberes a la chusma ignorante, de la que formamos parte el resto de los mortales. No hay que ser muy perspicaz para observar como estos ‘intermediarios’ crean un filtro que no siempre es riguroso ni fiel con la veracidad o el sentido auténtico de los conocimientos científicos originales, más bien todo lo contrario.

Es innegable que la especialización es necesaria y el 100% del conocimiento no puede ser comprendido con facilidad por todo el mundo. Pero tampoco nos ayudan nada los mercaderes de las medias verdades, los vulgarizadores más o menos groseros, ni tampoco los sabelotodos omniscientes y omnisapientes.

Cuando hablamos de empresa, de liderazgo, de dirección y desarrollo profesional de las personas, no estamos hablando de un mundo aparte, ni mucho menos. Aquí también hay multitud de amantes de las teorías farragosas e inútiles, con la correspondiente horda añadida de charlatanes de feria o mercachifles de la comunicación mediática.

El gran principio del management

Hace 30 años, Michael Leboeuf, profesor de dirección empresarial de la Universidad de Nueva Orleans formuló el ‘Gran Principio del Management’, que viene a decir que las personas solo hacemos aquellas cosas que nos deparan alguna compensación, sea en forma de recompensa (económica, emocional o de otro tipo) o bien suponga evitar un castigo (aburrimiento, sanción, despido, mobbing, humillación, etc.). Este ‘Gran Principio del Management’ ha adquirido su grandeza con base en su sencillez y en su capacidad para generar preguntas, curiosidad y nuevas líneas de estudio e investigación a lo largo de tres décadas. Es un excelente ejemplo que muy bien podrían tomar en consideración tantos y tantos temerarios gurús que inundan la red de enunciados variopintos sobre comunicación, Management, Recursos Humanos o supuestas técnicas de excelencia para emprender o encontrar empleo.

Incluso a la hora de divulgar la ciencia, el conocimiento especializado o algunos aspectos complejos de la actualidad, es necesario adoptar una actitud honesta, rigurosa y respetuosa, tanto con los propios contenidos a difundir, como con la audiencia a la que nos dirijamos en cada momento.

Seiscientos años y pico separan a Guillermo de Ockham de Michael Leboeuf. Sin embargo, los unen estrechamente la sensatez, la responsabilidad y el sentido común.

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